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domingo, 29 de abril de 2012

Luchas de Poder ¿Quién tiene la Victoria?


¡Aquí quien manda soy yo!
¡Te he dicho que lo hagas!
¡Obedece!!
¡Vete a la cama ahora mismo!
¡Silencio!
¡Hazlo ahora!

Para que exista un lucha de poder necesitamos dos personas como mínimo y definitivamente estas frases invitan a  nuestros hijos a que se origine una.
Cuántas veces, con el fin que nuestros hijos obedezcan, o por miedo a perder la autoridad frente a ellos  hemos caído en esta lucha.  Cuando ocurre , tanto los hijos como los padres tienen la “sensación”  de estar realizando un esfuerzo inútil, sienten que está perdiendo el control (de hecho lo están haciendo)  pero cada uno se niega a abandonar “la lucha” porque no quiere perder, pero el resultado es que de algún modo, ninguno TIENE LA VICTORIA, perdemos la paciencia, luego nos sentimos culpables y terminamos castigando y ya sabemos cuál es la consecuencia del castigo en nuestros hijos.

COMO EVITAR LAS LUCHAS DE PODER
No controlar nuestras emociones, palabras hirientes y castigos como solución dan cabida a las luchas de poder con nuestros hijos.
El comportamiento de los niños está dirigido a metas, pero el camino que toman no necesariamente es el más correcto, en este sentido, cuando entremos en una lucha de poder, busquemos la meta de nuestros hijos y tratemos de enseñarles un camino más adecuado donde ambas partes salgan ganando.  Para evitarlas, podríamos intentar:
  1. En vez de dar órdenes, haz preguntas que inviten a la reflexión, Jane Nelsen llama a esto “preguntas curiosas”  (¿qué piensas respecto a…,? ¿qué sientes…?, ¿que has decidido…?). Entonces, en vez de decir, ordena tu cuarto, tal vez podríamos decir, qué puedes hacer para que tu cuarto se vea limpio y ordenado?
  2. Habla menos y actúa más. Acércate a tu hijo y muéstrale lo que tiene que hacer, en vez de decir “1000 veces los mismo” desde lejos, esperando que “obedezca” rápidamente.
  3. Crea rutinas y luego recuérdale qué es lo que habían acordado. Ejem. Tu hijo se levanta de la mesa al terminar de comer y va directo a jugar, entonces le podemos recordar “¿qué es lo que tenemos que hacer después de cenar?”
  4. Jane Nelsen nos recomienda tener un POSITIVO TIEMPO FUERA para calmarnos y actuar pensando en lo que vamos a hacer y decir, evitando las luchas de poder.
  5. Dale opciones limitadas, esto les dará la sensación de que no tienen que obedecer todo a rajatabla y que tienen la opción de elegir.
  6. Practica el autocontrol. Cuando entramos en la lucha de poder queremos CONTROLAR todo, pero cuanto más controladores queremos ser, más DESCONTROLADOS nos volvemos. A la primera persona que tenemos que controlar es a nosotros mismos.
  7. Usa el humor. A veces es la mejor solución en momentos de crisis y sirve además para detener la lucha de poder.
  8. Ponerse de acuerdo. Ambos padres tienen que manejar el mismo estilo de crianza para no crear confusión en los hijos que inviten a buscar “al más bueno” . Recuerda que tanto el estilo permisivo como el autoritario invita a la lucha de poder, opte por una disciplina positiva.
  9. Involucra a tus hijos en la solución de problemas. Esto hace que los chicos tengan un sentido de pertenencia, estén motivados a asumir sus responsabilidades y estén menos propensos a desobedecer.
  10. Se consistente y congruente con lo que DICES y HACES.
  11. Expresa lo que sientes dando mensajes YO, evitando culpabilizar al otro por lo que pasa en ti internamente “Estoy súper cansada, colaboren con esto para poder descansar descansar¨, esto suena mejor y se acepta mejor  en vez de “Me están haciendo enojar, obedezcan de una vez, o si no…”
  12. Se FIRME Y AMABLE al mismo tiempo. Que tu expresión y tono de voz indiquen el respeto por tu hijo.  Un niño que se trata de forma respetuosa es más colaborador.
  13. No te olvides de DAR SIEMPRE TU MENSAJE DE AMOR. A veces estamos tan metidos en la lucha de poder que nos olvidamos de recordar a nuestros hijos cuánto los amamos.
  14. En vez de buscar culpables ENFOCATE EN LAS SOLUCIONES.

la Disciplina Positiva nos enseña que las luchas de poder “crean distancia y hostilidad en lugar de cercanía y confianza. La distancia y la hostilidad crean resentimiento, resistencia y rebeldía (conformismo con baja autoestima). En cambio La cercanía y la confianza crean un ambiente seguro y de confianza donde no hay temor, ni culpa, vergüenza o dolor”

Gina Graham
Psicóloga – Psicoterapeuta de niños y adolescentes
Certified Positive Discipline Parenting & Classroom Educator

“Nunca he visto a un niño con aires de poder sin un adulto con aires de poder cerca de él”
Jane Nelsen

Abusos de las Consecuencias en la Crianza de los Hjos


Hace unos días estaba conversando con dos niños quienes me contaban que se habían peleado (la situación fue que uno de ellos empezó a decirle cosas que le molestan al otro y el otro explotó, terminando con insultos y golpes). Bien, pues ellos después de este incidente esperaban sentados a su padre por la consecuencia predecible; decían "ahora nos van a castigar, mi papá se va a molestar y no vamos a poder jugar wii, etc., etc."... pero el padre, quien está practicando la disciplina positiva, decidió no hacerlo y optó por la SOLUCIÓN DE PROBLEMAS.
Se sentó con los niños, se aseguró de darles primero el mensaje de amor, un mensaje “yo” sobre lo que piensa y siente de la situación (yo pienso qué… me siento…) y luego les preguntó: qué podríamos hacer para que se lleven mejor. Los niños no supieron qué decir, simplemente "los sacaron de cuadro".  Lo interesante de esto es que en el diálogo salieron dos puntos importantes por parte de ellos: por un lado, aprender a respetar al otro y por el otro ser más tolerante.
Si este padre hubiera aplicado la consecuencias lógica establecida en esta familia (que en realidad es un castigo) Les estaría enseñando habilidades para la vida?? Creo que no, verdad?
Hay muchas personas que piensan que educar en las consecuencias es lo mejor, pues dicen que enseñan a los niños responsabilidad. Me pregunto cómo así?
Como vieron en el ejemplo, UNA CONSECUENCIA NO ES LO MISMO QUE SOLUCIÓN. Incluso, yo también era partidaria de las consecuencias en la teoría, pero me di cuenta que en la práctica no daban tan buenos resultados. Muchos niños no se hacían responsables de su conducta y muchas consecuencias no eran tan lógicas.
Jane Nelsen nos dice al respecto que “a menudo las consecuencias lógicas vienen disfrazadas de castigos” por eso enseña a los padres a ser cautos con el uso de estas y para no confundirnos, nos dice que, cuando sea apropiado usarlas tengamos en cuenta las 4Rs de las Consecuencias Lógicas:
  • Relacionada
  • Respetuosa
  • Razonable
  • Revelada con anticipación (en lo posible).
Entonces, en vez de abusar de las consecuencias lógicas, nos enfocamos en la solución de problemas. No es tan difícil!! y nos encamina a una educación a largo plazo, basada en el respeto mutuo, evitando la resistencia cuando imponemos un castigo, puesto que la solución de problemas involucra a los hijos en el proceso disciplinario y por lo tanto les da sentido de pertenencia y los empodera al hacerlos conscientes de su capacidad para tomar decisiones para fomentar el cambio en su propia vida.
¿Cómo hacerlo?
  • Identifique el problema: En el ejemplo que les di, el problema no era la pelea en sí misma, era que los niños tenían que aprender a respetarse mutuamente.
  • Preguntar a los niños qué piensan y sienten respeto a esta situación.
  • Haga una lluvia de ideas con preguntas que inviten a los hijos a plantear soluciones.
  • Escojan una solución de esa lluvia de ideas y proponga llevarla a cabo durante una semana y luego evalúen su efectividad.
  • Si funciona, EXCELENTE!; si no funciona, EMPIECEN de nuevo.
Una educación a largo plazo, basada en la disciplina positiva, requiere de constancia, paciencia y mucha práctica.
Gina Graham
Psicóloga – Psicoterapeuta de niños y adolescentes
Certified Positive Discipline Parenting & Classroom Educator

“No basta dar pasos que un día puedan conducir hasta la meta, sino que cada paso ha de ser una meta, sin dejar de ser un paso” Johann P. Eckermann

miércoles, 18 de agosto de 2010

COMO ESTABLECER LIMITES EN EL HOGAR

“Mi hijo no me obedece, no quiere irse a dormir, no se deja poner la ropa, se molesta cuando le digo que guarde sus juguetes, no quiere apagar la televisión, llora si le digo que haga la tarea, no se quiere levantar, hace berrinches…” y la lista continúa. Son algunas de las demandas que tienen los padres cuando no saben cómo establecer límites a sus hijos.

Sin embargo, todos sabemos que para la educación de nuestros hijos, una disciplina eficaz es muy importante para que puedan interiorizar los límites. Esto quiere decir que nosotros como padres, debemos tener las habilidades necesarias para poder establecer las reglas con firmeza, consistencia y claridad para que nuestros hijos puedan seguirlas.

¿Para qué sirven los límites?

Los límites, al igual que el cariño son una muestra de amor y preocupación por nuestros hijos, puesto que les da seguridad y al mismo tiempo los protegen, esto quiere decir que el niño tiene que sentir que la autoridad radica en los padres para poder sentirse verdaderamente protegido.

En un principio somos nosotros quienes ponemos los límites, luego, esa voz exterior que recibe por parte nuestra, poco a poco se convertirá en aquella voz interior que lo ayudará a tener mayor autocontrol, regular su propio comportamiento y más adelante, tener la capacidad de decir no, cuando se vea involucrado en situaciones donde se le pida hacer cosas que no está de acuerdo.

Es importante señalar que cuando hablamos de límites nos referimos únicamente a la regulación de la conducta y no a los sentimiento que acompaña determinada conducta, dicho de otro modo, podemos decirle al nuestros hijo que deje de ver televisión y lo podemos lograr, pero lo que no podemos impedir sienta cólera o llore.


¿Por qué a algunos padres nos cuesta establecer límites?
Esto puede ser por diversos motivos, como por ejemplo:
  • Inseguridad respecto al cariño de nuestros hijos. Queremos ser aceptados por ellos y pensamos que poniéndoles límites los alejaremos.
  • Sentimiento de culpa por parte de los padres. Pasamos poco tiempo con ellos y queremos compensar esta ausencia permitiéndoles todo.
  • Poca energía para enfrentarnos con nuestros hijos. Estamos cansados y queremos lograr que hagan las cosas, entonces cedemos pensando que la próxima vez nos irá mejor.
  • Falta de respeto entre progenitores. Que se traduce en la desvalorización de la opinión del otro y la lucha constante por tener la razón, nos contradecimos y el niño no sabe a quién obedecer.
  • Poca paciencia. Nos exaltamos rápidamente y recurrimos a los gritos, al castigo o nos damos por vencidos rápidamente.
No nos sintamos mal si algún día nuestro hijo quiere desobedecer las reglas que ponemos. Eso es NORMAL, porque está probando hasta dónde puede llegar y cuál será nuestra reacción si es que no hace caso. Es justo ese instante la oportunidad para demostrar la consistencia y firmeza en lo que decimos y hacemos. Ya que si cedemos, nuestro hijo verá dudas y nos costará mucho que luego él pueda respetar las reglas. Esto no quiere decir, que debe en cuando podamos ser flexibles, adaptando las normas a la situación, edad y necesidades individuales de cada hijo.

¿Cómo Establecer Límites?
El primer paso es mostrar seguridad y firmeza. Lo que digo y mi expresión facial deben decir lo mismo.
  • Recordar que ser firmes no implica dejar de ser cariñosos. Mi tono de voz indicará cariño, mientras mi expresión indicará firmeza.
  • Dar instrucciones claras. Frecuentemente decimos “pórtate bien” “no hagas eso” “quiero verte bien limpio”, etc., todas esas instrucciones son inespecíficas, ya que tienen diferente significado para las personas. En lugar de eso, procuremos darles normas más claras y concreta: “coge mi mano para cruzar la pista”, “lávate la cara, los dientes y las manos”. Esto nos dará mejores resultados.
  • En algunos casos, darles a escoger entre diversas opciones, como por ejemplo elegir qué ropa quieren ponerse, qué fruta quieren comer. Esta libertad les enseñará que si es posible que puedan elegir, rediciendo las resistencias.
  • Reforzar las conductas positivas, así nos parezcan pequeñas.
  • Sancione la conducta y no al niño. En vez de decirle “eres un desordenado” le decimos “es hora de que arregles tu cuarto” La palabra de los padres es como ley para el niño, por ello debemos prestar atención a lo que decimos y evitar ETIQUETARLO.
  • Evite sobreprotegerlo, ya que es una forma de decirle “eres un incompetente” La lástima promueve la debilidad, mientras que la comprensión promueve fortaleza.
  • Evite lo NO. Los niños obedecen más cuando les decimos qué es lo que tienen que hacer en un tono amigable, en vez de decirles que es lo “no” tienen que hacer.
  • Evite decir “quiero que…” ya que con esto estamos creando una lucha de poder. Por ejemplo, en vez de decir “quiero que apagues el televisor en este momento” mejor es decir: “es hora de apagar la tele e irse a dormir”.
  • Surgiera alternativas aceptables por ejemplo “no te puedo dar el helado antes del almuerzo, pero te lo puedo dar después. De esta forma somos comprensibles con sus deseos y menos arbitrarios.
  • Explicar el porqué de las cosas de forma clara, corta y sencilla. Antes de dar una larga explicación que puede distraerlo, manifieste la razón en pocas palabras. Por ejemplo: "No muerdas a las personas. Eso les hará daño"; "Si tiras los juguetes de otros niños, ellos se sentirán tristes porque les gustaría jugar aún con ellos".
  • Controle sus emociones. Recuerde la disciplina es enseñar a los niños cómo comportarse y no podemos enseñarles un buen comportamiento si es que estamos alterados.
    Recordemos siempre que nuestros hijos son grandes observadores y aprenden por imitación, y son los padres y la familia sus principales referentes: sea un ejemplo a seguir.

"Educar a un niño es como sostener en la mano un jabón. Si aprietas mucho sale disparado, si lo sujetas con indecisión se te escurre entre los dedos, una presión suave pero firme lo mantiene seguro"

lunes, 14 de septiembre de 2009

Frustración y autoagresión en la infancia

En varias ocasiones me he encontrado con familias muy preocupadas porque han visto que sus hijos e hijas tienen formas "exageradas" de expresar su enojo o frustración, por medio de berrinches, tirando cosas, rompiendo su juguete favorito o peor aún autoagrediéndose: se golpean la cabeza, se arañan, gritan, se jalan el cabello, etc. Lo que nos indica que el niño está haciendo un llamado de atención y un grado de frustación elevado al no lograr lo que desea. Pero ojo!, esto no significa que el niño esté mal atendido o descuidado sino que en la mayoría de los casos habla de algo normal pero que requiere de ciertos cuidados y contención familiar.


Causas de la autoagresión
No se puede hablar de un solo factor responsable de esta situación sino de la sumatoria de varios factores que pueden desencadenar este tipo de comportamiento. Algo importante que mencionar es que estos episodios se presentan con mayor frecuencia entre los niños y niñas más activos y llenos de energía.

Señalemos algunas de las principales causas:
Desarrollo del ego
Tanto los berrinches, rabietas, o cuadros de enojo exagerado representan el choque de la personalidad en el desarrollo evolutivo del niño con la voluntad de sus padres.
El niño en su búsqueda de demostrar poder, de querer realizar las cosas a su manera y de llamar la atención recurre a estas formas y en muchas ocasiones esta conducta se ve incrementada si logra su cometido (llamar la atención).
Los padres deben saber que un episodio de este tipo mal manejado puede ser capaz de terminar en un hábito. El niño capta rápidamente que este comportamiento le trae beneficios, logrando que los padres cumplan con sus deseos. Sin embargo, no por esto hay que pensar que este tipo de reacciones tienen como base la mala intención o maldad, sino simplemente es la búsqueda de una satisfacción secundaria, es decir, ¿qué consigue el niño al comportarse de esa manera?

Inseguridad
La inseguridad generada por cualquier circunstancia es una causa de peso para producir estos episodios (ansiedad de separación en los niños pequeños, por ejemplo).

Disciplina, laxa, sobreprotección versus disciplina rígida
Estos cuadros se ven con mucho más frecuencia en niños sobreprotegidos y que no fueron educados con una adecuada disciplina. El niño se da cuenta que al igual que con sus berrinches, por es medio puede conseguir lo que quiere.
Por otro lado, también con una educación basada en una disciplina muy estricta puede causar este comportamiento. Por eso los profesionales de la salud insistimos en la búsqueda del equilibrio al proteger, guiar y educar al niño; por medio del sano ejemplo y siendo firmes y consistentes pero no rígidos en el trato con el pequeño en el momento de descontrol.

Padres dubitativos
Si los padres no demuestran seguridad, lo único que se logra es que el niño se siente confundido y facilita la presencia de berrinches, agresiones y autoagresiones.
Si un padre o madre prohíbe algo y el otro lo desautoriza frente al niño, se le está dando un doble mensaje que lejos de ayudar, trae consigo más problemas e instaura esta conducta.

Por imitación
El niño que ve al padre o a la madre que se descontrolan, que son presos de su mal humor, que tiran objetos y golpean puertas tiene un ejemplo a seguir, o los padres que se muestran inseguros o ansiosos frente a determinada situación, les trasmitirán esta misma angustia al niño.

Demostración de nuevas habilidades
El niño también demuestra de esta manera su inicio en la toma de responsabilidades y muestra así también las habilidades que va adquiriendo con su desarrollo.
Por ejemplo los padres con la intención lógica de evitarle posibles accidentes pueden no permitir ciertas actividades que recientemente el niño ha aprendido y esto afecta el orgullo del pequeño produciendo enojo y frustración que no sabe manejarla y que la demuestra a través de la autoagresión.

Inteligencia
Estos tipos de episodios no tienen relación con el nivel de inteligencia del niño, pudiendo aparecer tanto en niños muy avanzados como en aquellos que sufren retardo mental.

Impaciencia, cansancio y problema de pareja entre los padres
Muchas veces los padres suelen estar agotados por lidiar todo el día con un niño exageradamente irritable, lo que hace también que ellos se agoten. Esto hace que el cuadro pueda potenciarse y formar así un círculo vicioso inagotable.
Otro factor a destacar es el caso de familias donde existe problemas de parejas. Esta situación produce tensión en la vida cotidiana y repercutiendo en la personalidad del niño (independientemente de la edad, los niños son expertos en el lenguaje no verbal). El primer paso para resolver estos cuadros es el de una sana autocrítica en cuanto a la relación familiar y la búsqueda de un equilibrio.
La autocrítica debe ser realista pero positiva, no sirve si se asume autocrítica como reproche. En base a esta autocrítica realizar acciones para el cambio.

¿Qué hacer?
Muchos bebés realizan actividades repetitivas (como chuparse el dedo, golpearse la cabeza contra algo, mecerse, etc.) para auto consolarse o descargar tensiones. En general se trata de hábitos que comienzan como exploraciones normales de modos de hacer frente al estrés, pero que se hacen problemáticos cuando el niño está bajo mucha tensión o cuando los padres reaccionan en exceso. Cuando un niño se autoagrede es necesario detener estas conductas en algún momento, y guiarlos para que no pase a mayores.
Estos comportamientos suelen generar gran alarma en los padres, y en consecuencia, intentos por reprimirlos y controlarlos. Sin embargo, esta reacción de los padres genera que el comportamiento del niño se refuerce y comiencen entonces a utilizarlo como una forma de rebelión frente a sus progenitores.
Por otra parte, la edad en que se encuentre el niño es importante ya que en este caso está marcada por profundos cambios. El caminar (o el estar en vías de hacerlo) produce una especie de “revolución”. Esto puede hacer que el comportamiento del niño se desorganice temporalmente para reorganizarse una vez que el logro de la marcha se haya consolidado.
Es importante consultar con el psicólogo o pediatra y resolver de manera conjunta todas las dudas sobre el niño. También es necesario asegurarse de que el niño no se haga daño (por ejemplo, proteger las superficies sobre las que se golpea la cabeza).
Finalmente, intentar comprender el origen de la conducta: ¿existe algún cambio en el ambiente que haya podido estresarlo? ¿por qué demanda más atención?
Abrazarlo, contenerlo, dándole cariño pero mostrando serenidad, con un tono de voz suave que calme su ansiedad es lo mejor. Desviar su conducta y empezar a jugar con él es otra opción que puede dar resultado.
Pero si su comportamiento y las dudas persisten, se sugiere consultar a un profesional de la salud mental especialista en niños, en este sentido un psicólogo o psiquiatra infantil para explorar más a fondo las causas y posibles soluciones.

Pero ante todo: tener mucho paciencia y tratarlo con el amor y respeto que merece.

"Los niños y niñas necesitan nuestra humanidad. No necesitan que nos comportemos perfectamente. Necesitan que creemos un ejemplo de cómo vivir eficazmente en el mundo. Necesitan nuestra "humanidad" imperfecta. Cuanto más seamos nosotros mismos, tanto más les damos permiso para que sean ellos mismos."

lunes, 3 de agosto de 2009

La Puesta de Límites con Amor y Respeto

En la vida de cada persona, es de suma importancia saber poner limites, primero a uno mismo y luego a los demás. Las personas que saben hacerlo serán más equilibradas psicológicamente, tendrán una vida más ordenada y tranquila y una mejor relación con los otros.

Muchos padres y madres piensan que poner límites significa demostrar rigor o falta de cariño. Por el contrario, poner límites es una demostración de cariño hacia los hijos, ya que estamos proyectándonos hacia el futuro para que sean unas mejores personas, autónomas y respetadas.

La puesta de límites se debe hacer desde que nuestros hijos e hijas son muy pequeños porque si no, se corre el riesgo de que cuando sean mayores no tengan incorporado el concepto de autocontrol ni el de saber poner límites a los demás. Al no tener autocontrol, cuando sean adultos se pueden perjudicar a sí mismos a través de diversas conductas que pueden dañar su salud (comer exageradamente alimentos, consumir sustancias dañinas como las drogas o alcohol, etc.)

Es posible que al principio sea dificil, puesto que los niños y niñas manejan mal las frustraciones, quieren ser siempre los ganadores y ganadoras y tener la razón. Hay niños/ñas que tienen más dificultades que otros para elaborar sus frustraciones. Son los padres y madres lo que deben enseñar a sus hijos/as que en la vida siempre van a tener que enfrentarse a frustraciones y que no siempre se gana. Pero sobre todo, deben aprender que en la familia existe el principio de autoridad que radica en papá y mamá como unidad.

Para impartir límites, es de gran importancia el tono de voz, esta debe dar la sensación de autoridad, pero también de amor y consideración por el niño o niña, puesto que la idea no es dar miedo ni asustar al niño o niña para que obedezca, ellos deben obedecer por el respeto que tienen a sus padres. Cuando se pone límites a los niños, hay que hacerlo en forma decidida y no cambiar a cada instante las órdenes pues hace disminuir la credibilidad de los padres frente a los hijos/as, (esto se llama consistencia).

Asi como el tono de voz, también es sumamente importante que ambos padres se apoyen mutuamente en la decisión tomada y que el niño no encuentre mensajes contradictorios. Si uno pone límites y el otro es permisivo no será posible la puesta de límites, porque el niño recurrirá siempre a su progenitor más permisivo para hacer lo que quiera. Aunque los padres no estén de acuerdo entre sí, deberán mostrar acuerdo frente al niño. Después a solas podrán resolver sus desacuerdos.

La disciplina es necesaria para el desarrollo de un carácter firme y socialmente adaptado; pero una buena disciplina no es sinónimos de gritos, castigos o golpes; éstos sólo producen dos tipos de resultados: o un niño rebelde, agresivo e irrespetuoso de las normas de la sociedad, o un niño/ña atemorizado, tímido, socialmente incompetente, carente de iniciativa, fácilmente manipulable e incapaz de hacer respetar su propia individualidad.

Una buena disciplina requiere de aceptación del niño/niña, paciencia dedicación, atención, consistencia, firmeza y flexibilidad de parte de los padres. Ellos deben ponerse de acuerdo respecto a las expectativas, límites y derechos del menor, y hacer que éstos sean expresados en términos precisos o adecuados a su capacidad de comprensión. El reconocimiento atento de sus buenas cualidades y las conductas aceptables, producen un mejor efecto que la crítica o el castigo ante las conductas inaceptables.
Eduquemos con amor y respeto!!