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domingo, 29 de abril de 2012

La Meta Equivocada del Comportamiento infantil


Rudolf Dreikurs decía “Un niño desobediente es un niño desmotivado" Y no le faltó razón. Normalmente los niños suelen portarse bien, pero al ver que su conducta es ignorada (pues algunas veces damos por supuesto que ellos DEBEN portarse bien, como si vinieran al mundo con las “reglas incorporadas”) prueban otros “métodos” de comportamiento (los inadecuados o no permitidos en casa) que sí les dan resultado: todos vuelven la mirada hacia el niño y él siente que es importante.
Dreikurs, mientras estudiaba el comportamiento infantil, observó que el comportamiento de los niños estaba dirigido por 4 metas, a las que él llamó “metas equivocadas”. Recibe este nombre, porque la motivación se fundamenta en la creencia errónea de cómo ellos esperan lograr un sentido de pertenencia e importancia en su entorno.
Para nosotros saber cuál es la meta que motiva el comportamiento de nuestro hijo, solo tenemos que mirar las consecuencias, es decir, qué provoca en nosotros y en ellos mismos, en otras palabras qué consigue con ese comportamiento.
Estas 4 metas son:
  1. Atención: Es el deseo de todo niño, tener la atención de sus seres queridos. Generalmente buscan llamar la atención de manera adecuada, sin embargo si sienten que lo que hace no tiene efecto, entonces prueban con el mal comportamiento, lo que generalmente les da buenos resultados. El mensaje es “soy importante sólo cuando tengo tu atención”
  2. Poder: El niño busca sentirse importante haciendo lo que él quiere. Los padres suelen discutir con el niño, él se torna provocador, los padres se descontrolan y entran en unalucha por el poder. En este caso, el mensaje es “soy importante sólo cuando tengo el control, estoy al mando o cuándo gano”.
  3. Revancha: En este caso, el niño se siente herido, resentido, desplazado, que no es importante. A través de su comportamiento revanchista devuelve el daño que “cree” le han hecho. El mensaje es “Me duele no ser importante, por eso te lastimo”
  4. Insuficiencia: El niño que demuestra insuficiencia, responde pasivamente o no responde a nada, anticipa sus fracasos y se rinde con facilidad. Hay niños que tienen la creencia que realmente no pueden hacer nada y otros se han dado cuenta que demostrando insuficiencia logran atraer la atención de los padres. en ambos casos, el mensaje es “solo si necesito tu ayuda, seré importante”
¿Qué Hacer?
Jane Nelsen en su libro Positive Discipline, nos aconseja que cuando la meta de nuestro hijo sea Atención, tratemos de distraerlo involucrándolo en una actividad útil dónde le demos el mensaje de “te amo por eso dedico un tiempo importante contigo” .
Cuando la meta sea Poder, evitar pelear y rendirse, en vez de eso, ser firmes y amables al mismo tiempo, darle opciones razonables y limitadas para que él elija y evitar la lucha de poder.
Cuando la meta sea Revancha, Abordar los sentimientos de resentimiento y dolor. Evitar los castigos, en vez de eso, enfocarse en la solución de problemas involucrando al niño incrementando su sentido de pertenencia.
Y si la meta de nuestro hijo es la Insuficiencia, alentar su independencia a través de pequeñas tareas en dificultad creciente, evitando la sobreprotección que lejos de ayudar lastima y vulnera su autoestima.
En todos los casos, no olvide se ser AMABLE y FIRME al mismo tiempo; La amabilidad es importante por el sólo hecho de mostrar respeto por nuestro hijo, la firmeza es importante en tanto muestra  respeto por nosotros mismos y porque la situación en sí misma lo amerita... y en cada acto, dele a su hijo el mensaje ME IMPORTAS, mensaje que va más allá de las palabras.

Gina Graham
Psicóloga – Psicoterapeuta de niños y adolescentes
Certified Positive Discipline Parenting & Classroom Educator

"Los niños han de tener mucha tolerancia con los adultos." Antoine de Saint-Exupery

Padres en Desacuerdo


Qué hacer en los casos que cada uno de los padres tiene diferente estilo de crianza? Es una de las consultas más frecuentes que hacen los padres hoy en día o incluso cuando en la familia se tiene la creencia que es mejor para el niño que uno de los padres establezca los límites (que son confundidos con autoritarismo) y el otro otorgue el cariño (confundido con la permisividad). Qué creen que pasará con ese niño? A quién le hará caso? Pues la respuesta es sencilla: a ninguno o quién le convenga en ese momento.
Cuando los padres están en desacuerdo, cada uno cree tener la razón respecto a la forma de cómo DEBE ser educado el hijo, entonces se ven envueltos en una eterna lucha,  tratando de prevalecer su estilo sobre el otro, el mensaje es: “yo sé qué es lo que le conviene a nuestro hijo, tú no”. Como consecuencia, se crea un clima de caos constante en el hogar, donde los niños aprenden formas de comunicarse basadas en la intolerancia, falta de respeto, incapacidad para el diálogo y dificultad para  resolver problemas, lo que da como resultado la inestabilidad emocional que se reflejará en la conducta de los hijos.
En la práctica diaria, haciendo una encuesta entre algunos padres sobre los aspecto en los cuales generalmente  tienen dificultades para ponerse de acuerdo, la mayoría concuerda en lo siguientes puntos:
  • Puesta de límites
  • Manejo del dinero
  • Permisos
  • Horarios
Estos problemas suelen agravarse en las familias de padres separados, donde en algunos casos (no todos) se coloca a los hijos en el medio, y ambos progenitores empiezan a atacarse motivados por el resentimiento y lejos de pensar en los hijos se sobrepone las propias necesidades utilizando a los hijos como escudos para lograr la consecución de sus metas.  Esto definitivamente es lo más dañino que se le puede hacer a un hijo, pues NINGUN NIÑO O ADOLESCENTE DEL MUNDO QUIERE ESTAR EN MEDIO DE LAS DISCUSIONES DE SUS PADRES.
Si esto nos ocurriera sería bueno preguntarnos: Qué es lo que buscamos realmente, educar a nuestro hijo o ganarle al otro?
Lo que todo hijo necesita es tener padres suficientemente fuertes, estables y maduros, capaces de solucionar sus problemas a través del diálogo para poder guiar la vida de sus hijos durante la infancia y la adolescencia porque de lo contrario sufrirán las consecuencias de sus desacuerdos.
La Pregunta del Millón: ¿Qué Hacer?
Con esto no pretendo que estén 100% de acuerdo en todo, puesto que todos tenemos diferentes formas de pensar, sin embargo si podemos:
  • ESCUCHAR PARA COMPRENDER. Los hijos aprenderán cómo escuchar con empatía, poniéndose en los zapatos del otro, si es que le brindamos el modelo adecuado para saber cómo hacerlo.
  • MANEJAR NUESTRAS EMOCIONES. Recordar que somos modelo emocional y de conducta.
  • DIALOGO PARA CRECER: Donde papá y mamá puedan tomar acuerdo PRIORIZANDO las necesidades de los hijos.
  • SOLUCIONAR EN VEZ DE CULPABILIZAR. Todos los conflictos tienen solución, ahora, no quiere decir que todas las soluciones nos agraden. Para poder buscar una forma equitativa de resolver el conflicto la clave es NEGOCIAR y llegar a un ACUERDO, claro está, esto debe ser en privado, fuera de la presencia de los hijos.
  • RESPETO. Si realmente queremos a nuestros hijos, entonces lo razonable es NO hacerles daño, por lo tanto debemos evitar confrontarlos con la finalidad de buscar un aliado. Recordemos que los hijos aman a ambos padres y si ellos pudieran decidir, optarían por la armonía entre ambos.
  • UNANIMIDAD Y SEGURIDAD. Los hijos deben percibir que los padres toman las decisiones importantes en conjunto, o jugarán al ping pong con los límites impuestos a la vez que se sentirán inseguros de la autoridad.
No importa, el desacuerdo que tengan los padres, tampoco si son casados o divorciados, si viven juntos o separados, lo que afecta a los hijos, es la forma cómo resuelven sus diferencias y expresan sus emociones hacia el otro y con el otro.
Para terminar, coloco esta cita maravillosa que resume en una frase las consecuencias de los desacuerdos entre padres:
“Así como un árbol (Sal. 128:3b, 144:12ª) se ve afectado por la calidad del aire, el agua y el suelo en su medio, la salud emocional de los niños está determinada por la calidad de las relaciones íntimas que los rodean”

Gina Graham
Psicóloga – Psicoterapeuta de niños y adolescentes
Certified Positive Discipline Parenting & Classroom Educator


lunes, 11 de octubre de 2010

Desarrollo de la atención en los Niños

Aprender es aquel proceso mediante el cual adquirimos determinada información y luego la utilizamos cuado la necesitamos. Este aprendizaje puede ir desde un concepto hasta la utilización de un instrumento. Sin embargo, para poder adquirir dicha información, necesitamos prestar ATENCION a través de nuestros sentidos para poder luego procesarla y almacenarla en nuestra memoria.

¿Cuándo un niño empieza a prestar atención?
Desde los primeros momentos de vida, un niño debe empezar a prestar atención a todo lo que le rodea: oyendo, viendo, tocando y sin distraerse. Es decir, su vida será un constante ejercicio de atención que deberá ser mediada por los adultos que lo rodean para que esta capacidad se potencie con la práctica.

Pero pasa que a veces, nosotros con el afán de querer “estimular” a nuestros hijos en esta tarea lo llenamos de estímulos que, lejos de estimularlo lo que generamos es distracción, aburrimiento y rechazo por parte de ellos y enojo y frustración por parte de nosotros “porque él no quiere prestar nuestras indicaciones”, entonces perdemos la paciencia y terminamos gritándole, poniendo mala cara y haciendo de ese momento algo desagradable para ambos.
Para ayudar a un niño en sus tareas o para aprender cierta destreza, hay que tener PACIENCIA, es decir no sentirnos mal cuando no logra las cosas tan rápido como nosotros queremos que lo haga y sobretodo CONOCER su ritmo de aprendizaje, considerando sus edad de desarrollo y características individuales.

Ahora, para hablar de tiempos y en consecuencia de horarios, hábitos y rutinas, tenemos que partir de lo que se considera "tiempo del niño". ¿Qué quiere decir esto? Pues que debemos CONOCER el tiempo que necesita cada niño para su auto-estructuración emocional, cognitiva (aprendizaje-pensamiento) y social para pasar de un aprendizaje a otro nuevo. El respeto a ese ritmo, es la premisa fundamental para iniciar cualquier proceso de enseñanza-aprendizaje.

Tiempo de atención promedio de los niños según la edad:
0 a 1 año 2 a 3 minutos
1 a 2 años 7 a 8 minutos
2 a 3 años Hasta 10 minutos
3 a 4 años Hasta 15 minutos
4 a 5 años Hasta 20 minutos
5 a 6 años Hasta 25 minutos

Las necesidades biológicas del niño son las que marcaran en un principio, los ritmos y frecuencias necesarios para su orientación en el tiempo: el alimento, los cambios, los sueños, son las primeras pautas y las primeras referencias en el niño. De estas primeras pautas de tipo orgánico, se irá pasando progresivamente a otras de tipo social, (marcadas por nosotros), que tendrán que tener un ritmo estable, para que a partir de esta estabilidad empiece a diferenciar los distintos momentos del día, lo que le permitirá recordar, prever y anticipar los que vendrá después, así poco a poco irá interiorizando una “rutina” que le formará el hábito.

No nos esforcemos por sobre estimularlos, pues cualquier exceso por encima de lo permitido, no nos dará resultados positivos, al contrario, podría causar un efecto nocivo y perjudicial en el niño, por sobrecarga de excitación que excede la capacidad funcional de sus neuronas. Esto no quiere decir que a un niño entre 3 y 4 años solo se le puede estimular 15 minutos al día, quiere decir que por cada actividad de estimulación puede durar máximo este tiempo, dando un tiempo para el relax entre una y otra.

Por otro lado, también debemos tener en cuenta que esta estabilidad en el ritmo, no debe confundirse con rigidez, es decir, con una excesiva división del tiempo como si nuestros hijos fueran unos robots, ni tampoco crearles una extensa rutina durante todo el día para la estimulación, también hay que darles tiempo y espacio para el descubrimiento y exploración natural.

Aquí lo importante es la calidad, no la cantidad de estimulación, es decir no debemos olvidarnos de prestar atención a lo afectivo, a lo motor, la formación de hábitos, la motivación y organización de conducta, etc. Es en las rutinas donde también estamos enseñándole límites y autocontrol.

ALGUNOS CONSEJOS PARA MEJORAR LA ATENCIÓN EN LOS NIÑOS

Si nota que su hijo tiene alguna dificultad, o así se lo dijeron en el nido o colegio, es importante que acuda a un especialista para descartar cualquier problema o deficiencia visual o auditiva o de otro tipo que puede estar influenciando en su atención. También determinará si su presta mayor atención al estimulo visual, auditivo o táctil y explote esta potencialidad.

Estimúlelo a terminar lo que ha comenzado, inclusive pueden premiar las conductas en las que demuestre constancia y concentración. No se recomienda castigar al niño ni retarlo por distraerse.

  • Como ya saben, es importante darle al niño un ambiente de cariño y estabilidad, por lo cual deben tener horarios y cierta regularidad en las actividades como comer, dormir, ver televisión, realizar tareas, etc.
  • Adapte la exigencia de la tarea a su capacidad de atención y control, estructurando la tarea en tiempos cortos (tampoco podemos dejarles todo el día para que realicen una actividad sencilla).
  • Refuércelo cuando está trabajando, pero el esfuerzo más que el logro. Los niños con una atención dispersa necesitan ser reforzados con mayor frecuencia y en la situaciones que prestan atención, para ir consiguiendo que estos pequeños tiempos vayan aumentando.
  • Comparta la lectura. Llévelo a las bibliotecas y librerías para inculcarle el amor por los libros.
  • Permítale que ayude con tareas sencillas.
  • Sea claro y consecuente a la hora de disciplinarlo. Sea modelo de la conducta que espera de él y recuerde que disciplina no es castigo es enseñarle a tener cuidado, respeto y responsabilidad.

Hay tantas cosas que podemos hacer con nuestros hijos. Nosotros como padres estamos en el mejor lugar para ayudarlos a adquirir conocimientos sin dejar de lado su mundo emocional para que puedan enfrentarse a la vida con éxito.