Mostrando entradas con la etiqueta tristeza. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta tristeza. Mostrar todas las entradas

domingo, 29 de abril de 2012

Depresión Infantil



Fuente: Artículo escrito para la Revista Mamagazine, edición Diciembre. Ps. Gina Graham - Certified Positive Discipline Parenting & Classroom, Educator.
Qué madre o padre no ha pasado por aquellos momentos donde los  hijos se quejan de todo, se enojan, no quieren jugar con nadie o se desconcentran fácilmente a la hora de estudiar. Los notamos un poco “tristes” pero al día siguiente o al cabo de unos días, esa tristeza desaparece.
Y es que, es casi seguro que muchos niños alguna vez en su vida han han tenido un episodio de tristeza, sin embargo, cuando esa conducta o estado anímico persiste por varias semanas, aunado a otros síntomas como disminución de la vitalidad, alteraciones en el sueño y la alimentación, podemos estar frente a un trastorno: la depresión infantil.
Hasta hace poco, no se sabía mucho del tema, es más, no se admitía la existencia de la depresión infantil, pero hoy en día se sabe que sí existe y además tiene síntomas comunes a la depresión en los adultos, pero con manifestaciones diferentes que pueden ser observadas a través de la conducta.
Los factores que desencadenan la depresión son complicados y normalmente varían de un niño a otro, siendo algunos de ellos, los factores biológicos y genéticos, los ambientales y los psicológicos; generalmente, el origen de la depresión incluye una combinación de todos estos factores que actúan de manera simultánea.
Según los expertos, la depresión es causada por un desequilibrio en determinados neurotrasmisores del cerebro (por una reducción en los niveles de serotonina, norepinefrina y dopamina). Sin embargo, es posible que este desequilibrio sea motivado a la vez por factores ambientales, es decir, determinados acontecimientos en la vida del niño, que sobrepasaron los sus propios recursos de afrontamiento: (Ej. Divorcio de los padres, pérdida de una mascota, fracaso escolar, rechazo de los amigos, muerte de un familiar, una enfermedad, etc.).
Ente algunos de los síntomas observables que pueden alertar a la familia, para intervenir a tiempo, tenemos: la tristeza, irritabilidad, anhedonia (pérdida del placer),sentimiento de culpa, lloran con facilidad, falta del sentido del humor, sentimiento de no ser querido, baja autoestima, asilamiento, cambios en el sueño, pérdida de apetito, hiperactividad, pensamientos suicidas que pueden develarse el frases tales como “estarían estuvieran sin mi” “mejor no hubiera nacido” etc.
Si sospecha que su hijo puede estar presentando alguno o varios de los síntomas mencionados, no ignore los síntomas, por el contrario, dedíquele un tiempo especial, creando un ambiente cercano y de confianza.
Esté atento a los mensajes detrás de la conducta, es decir, si lo escucha decir constantemente “no sirvo para nada”, “soy un tonto” etc,, sea curioso y hágale preguntas sobre sus sentimientos y pensamientos. 
Ayúdelo a disfrutar de las cosas que le brinda la vida; programe salidas, muéstrese de buen humor, etc. Los niños con depresión, tienen una percepción sesgada de la realidad donde todo lo ven de la misma manera, por lo tanto nada les parece divertido.
Frente a la mala conducta sea firme y amable al mismo tiempo. Antes de corregir, conéctese emocionalmente con su hijo, muéstrele abiertamente su cariño con palabras y acciones.
Motívelo sin adularlo. Ayúdelo a fijarse metas realistas y anime constantemente sus pequeños pasos y grandes progresos.
Evite etiquetarlo con mensajes absolutistas como: "eres un malcriado", "nunca me haces caso, en vez de eso hágale preguntas que inviten a la solución de problemas “Qué” y “Cómo”, "¿Qué podrías hacer para...? ¿Cómo harías…? ¿y qué más?", converse con él, rebata sus ideas y creencias irracionales.
Y por último, busque ayuda y apoyo profesional de inmediato. Un diagnóstico temprano puede marcar la diferencia en el tratamiento y curso de la enfermedad.
Siempre es bueno recordar la importancia de la familia en la vida del ser humano, mucho más en el caso de los niños y adolescentes, es por ello que debemos PREVENIR. ¿Cómo? Pues desarrollando en nuestros hijos factores protectores que los ayuden a sobrellevar situaciones difíciles en la vida, afrontar problemas y manejar de manera adecuada las frustraciones. Es decir, propiciar un clima de confianza a través de una disciplina positiva que estimule la comunicación, respeto mutuo y amor entre sus miembros.
 “Cuando sientas tristeza o disgusto por algo que ha pasado acuérdate de las cosas buenas y no pierdas nunca la ilusión por ti mismo"

sábado, 31 de octubre de 2009

Depresión Infantil

Qué madre o padre no ha pasado por aquellos momentos donde nuestros hijos o hijas se quejan de todo, se enojan, no quieren jugar con nadie o se desconcentran fácilmente a la hora de estudiar, no entedemos ese comportamiento o le tratamos de dar una explicación, es entonces cuando decimos “es que está enfermito” “está con sueño” “está engreído”, "está con un genio" "muy consentido" etc Sin embargo, cuando esas conductas o estados de ánimo persisten por varias semanas aunado a otros síntomas como disminución de la vitalidad, alteraciones en el sueño y la alimentación, podemos estar frente a una enfermedad: la depresión infantil.
Hasta hace poco, no se sabía mucho del tema, es más no se admitía la existencia de la depresión infantil, pero hoy por hoy se sabe que existe y tiene síntomas comunes a la depresión en los adultos pero con manifestaciones diferentes que pueden ser observados a través de la conducta.
Hoy en día tanto los adultos como los niños vivimos en un mundo muy acelerado, que facilita el desencadenamiento de esta enfermedad. Para muestra un botón, pensemos por momento el estrés que pueden vivir nuestros hijos al tener que hacer todo a la carrera, salir de casa temprana, menos tiempo con los padres (porque invierten muchas horas en el trabajo), menores posibilidades de compartir con la familia extensa, con los amigos en juegos recreativos al aire libre, colegios cada vez más competitivos y exigentes, escasa comunicación, etc.
Pero veamos, no pensemos que la depresión va a aparecer de un momento a otro o está aislada de lo que pasa alrededor de nuestros pequeños, por el contrario, se inserta en una red de relaciones que la hacen posible (la familia, escuela, amigos, etc.), lo que significa que para que su tratamiento surja efecto se deben abordar estas redes, realizando transformaciones dentro de la misma.
Veamos cuáles son los síntomas que nos pueden alertar para tratar a tiempo esta enfermedad:
• Tristeza
• Irritabilidad.
• Anhedonia (pérdida del placer),
• Llanto fácil.
• Falta del sentido del humor.
• Sentimiento de no ser querido.
• Baja autoestima,
• Aislamiento social.
• Cambios en el sueño.
• Cambios de apetito y peso.
• Hiperactividad.
• Ideación suicida.

¿Qué hacer?
Cuando estamos frente a un cuadro de depresión infantil, se recomienda a los padres y profesores bajar el nivel de exigencia, aumentar los refuerzos positivos y propiciar otro tipo de contacto, más acogedor y amoroso. Esto no quiere decir que lo asfixiemos con nuestra presencia o lo llenemos de regalos para apaciguar la enfermedad, s veces sólo basta estar presentes en sus juegos, deportes u otras actividades o momentos significativos para ellos, expresado abiertamente el cariño y lo importantes que son en nuestras vidas.

No ignore los síntomas

  • Déle mas atención de la acostumbrada.
  • Juegue con él y así le será más fácil hablar sobre sus problemas.
  • Lea libros infantiles con temas relacionados, dibuje, pinte, construya un rompecabezas con su hijo.
  • Dedíquele un momento especial y único.
  • Cree un ambiente más cercano y de confianza.

Hágale preguntas y esté atento a las pistas

  • Si su hijo dice constantemente "soy un tonto". No les diga simplemente que no lo es, pregúntele sobre el porqué piensa que es así, si pasó algo en la escuela, etc.
  • El niño podrá contestar diciendo que todo es una porquería. Y entonces pregúntele qué es lo que le parece malo.
  • Lo importante es indagar sobre lo que piensa. Lo que necesita es atención e interés por parte de sus padres.

Establezca y mantenga las rutinas

  • El niño necesita sentirse protegido por una disciplina firme y consistente. Los "límites" los piden ellos.
  • Respete horarios.
  • Se sienten colaboradores y partícipes cuando se establece un horario para cada actividad.

Esté atento por si su hijo manifiesta estrés

  • Es necesario reevaluar el calendario diario de actividades y tal vez hacer algunas modificaciones.
  • Pregúntese si su hijo está haciendo demasiadas cosas y está sobrecargando de actividades.
  • Puede ser que se sienta cansado y estresado.

Tranquilícelo

  • Nada mejor que mimarlos y a la vez averiguar sobre su rutina.
  • Estar pendiente sobre el tipo de comida que más le gusta, si duerme toda la noche, si necesita de nuevas actividades y rutinas.

Busque tratamiento médico

  • En caso que su hijo empiece a aislarse, comportarse mal, o a hacer comentarios negativos sobre él mismo.
  • Si ve que tu hijo ha sobrepasado el límite de la normalidad, busque ayuda y apoyo médico.
  • El diagnóstico y tratamiento temprano de la depresión son esenciales para la recuperación temprana.
  • Comente el caso con el pediatra y/o psicólogo del colegio.

Por último, siempre es bueno recordar la importancia de la familia en la vida del ser humano, mucho más en el caso de nuestros hijos, es por ello que debemos PREVENIR. ¿Cómo? Pues desarrollando en ellos factores protectores que los ayuden a sobrellevar situaciones difíciles en la vida, afrontar problemas y manejar de manera adecuada las frustraciones. Es decir, propiciar un clima positivo de confianza y acogimiento que estimule la comunicación, respeto y amor entre sus miembros.

“Cuando sientas tristeza o disgusto por algo que ha pasado acuérdate de las cosas buenas y no pierdas nunca la ilusión por ti mismo"